Ninguna historia ahora que conmueva
ninguna huella, estrella, sed, ninguna,
el tiempo cede de la red la luna,
no te da aviso de lo que se lleva
acaso supo la mujer oveja
ser para mansa , y su mayor fortuna
fue el ejercer en madurez alguna
ternura joven y alegría nueva
Ya campo limpio sin temor ni abrojo
en el silencio que sembré recojo
caracoles y vida, luna y mar
Hago del tiempo espacio y hago intento
de llenarle la sed si está sediento
y le acepto en mi cuerpo de pleamar.
Del libro inédito: Aquel olor vestido de Violetas, 1995
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