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Leopoldo Marechal. El centauro : El mundo habla español



Leopoldo Marechal. El centauro


En una tarde antigua
cuyo paso de loba
fue liviano a la tierra
pero no a la memoria,
extraviado el sendero
que ilumina la Rosa,
vi al Centauro dormido
junto al agua sonora.

Esto pasó en otoño,
cuando la selva entorna
sus parpados y olvida
la muerte de sus hojas,
cuando el sol pinta en Aries
el clavel de la aurora,
cuando los vientos gritan
y calla la paloma.

Perdido yo entre zarzas,
desnudo entre las rocas
hollaba la temida
floresta (¡en mala hora
mis pies abandonaron
el norte de la Rosa
por el zarzal doliente,
por las oscuras frondas!)

¿Fue acaso la impaciencia
del alma que a deshoras
ha encendido el aceite
de las vírgenes locas,
y buscando en la noche
mediodías y bodas
halla sólo el semblante
que le muestra la sombra?

Si arte fue de la noche,
si navío en zozobra,
¡que lo diga el Centauro!
Yo diré mi congoja;
porque duro es el viaje
y escondida la gloria
de hablar con un centauro
junto al agua sonora.

Todavía recuerdo
la hermosura tremenda
del antiguo animal
que dormía en la selva,
y el arrullo del agua
sin edad entre arenas
y flores que peleaban
su luminosa guerra:

Con el torso abrazado
de liqúenes y hiedras,
con la grupa en que ayer
jineteó la leyenda,
remontada en el aire
la flor de su cabeza
y los cuatro silencios
de sus patas en tierra,

parecía el Centauro
la figura secreta
de algún viaje que andaba
sin viajero ni estrella,
o el apretado libro
que aún guardaba la ciencia
de los frescos diluvios
y de la risa nueva.

Casi junto a sus manos,
en un brote de higuera
se mecía desnuda
la guitarra soberbia;
y a sus pies derramados,
el carcaj y las flechas
olvidaban al ciervo
de los ojos de almendra.

"¡En otra edad —me dije—
la trotadora bestia
fue dolor en el arco
y armonía en las cuerdas!
¡En otra edad sin nubes,
cuando los días eran
graciosos almirantes
bogando entre sirenas!"

Y como el alma entrase
ya toda en la pelea
de su tormento vivo
con su dulzura muerta,
puse freno al temor
y candado a la pena
por mirar al Centauro
y admirarle de cerca:

Bien ceñido a su frente
o enredado en sus greñas,
el laurel todavía
le formaba diadema;
en su barba de cobre
y en sus crines revueltas
se prendían zumbando
las melosas abejas.

Y tan rara virtud
se mostraba en aquella
gravedad de centauro,
que la sola excelencia
de su imagen dormida
me libró de cadenas,
y rendido a su gracia
no vi ya la floresta.

Porque, al mirarle, digo
que sentía en mi lengua
resucitar un gusto
de antiguas primaveras,
como si levantando
sus losas polvorientas
de pronto regresaran
los días de inocencia.

"Sólo duerme —pensé
con el alma suspensa—:
el sueño, y no la muerte,
lo abraza en su tiniebla.
Si alguien con voz de niño
se acercase a la puerta
del Centauro y llamara,
tal vez le respondiera.

"Y una canción de oro
sería la respuesta
del animal, si hablara
su lengua verdadera.
Pero la voz del niño
no canta ya en la tierra:
¡Ya no abrirá el Centauro
su boca de azucena!"

Y por mudar el grave
color de las ideas
que ya tejía el alma
volviendo a su querella,
me acerqué a la guitarra
y en el haz de sus cuerdas
hice correr mis dedos,
bien sabe Dios que apenas.

¡Nunca debió tocarlas
mano perecedera
ni tentar el silencio
de la música eterna!
Porque de la guitarra
sólo brotó una queja,
pero un escalofrío
recorrió la floresta.

Las hojas tiritaron
y lloró cada breña:
respondían los ecos
en lejanas cavernas.
Y entonces vi que al solo
clamor de la vihuela
reanimaba el Centauro
su figura de piedra.

Corrió un temblor de luces
en su pelaje oscuro:
la mano retiró
de su pecho velludo.
Sus ojos al abrirse
desgarraron el humo
de las quemadas horas
y los años difuntos.

Y una hermosa violencia
despertaba en el bruto:
con su cola barrió
la hojarasca y el musgo.
Quiso hablar, y en sus labios
pareció que de súbito
se rompía la cáscara
de silencio maduro.

Preguntó:

sin frutos?
(¡Aquella voz tenía
cadencias de diluvio!)
"¿Quién, vestido de sombras
y emboscado en su luto,
se atreve a profanar
la guitarra del júbilo?

"¿Quién, entregado al hierro,
codicia el oro puro,
y audaz en la sentencia
que le dictó el orgullo,
con sus manos de un día
quiere abrir el sepulcro
donde ya es polvo y nada
la juventud del mundo?"

Pedía una respuesta,
con el semblante adusto:
sus cascos impacientes
removieron el humus.
Entre la maravilla
del oído y el susto
de los ojos temblaba
mi deseo nocturno.

Le respondí:

"Centauro,
modera tus impulsos
y escucha las razones
que dicta el infortunio.
No el orgulloso alarde,
sino la incuria,
pudo llevar a tu guitarra
mis dedos vagabundos.

"Por entregarme al sueno
y equivocar el rumbo,
la Rosa me ha negado
su admirable saludo.
¡Y así crucé la hondura,
y estoy en tu refugio,
y enardecí las cuerdas,
y amaneció el preludio!"

No bien oyó el Centauro
mis templadas razones,
en su región de bestia
puso medida y orden;
y como si escuchase
palabras interiores,
se rindió a la dulzura
con la mitad del hombre.

"Forastero —me dijo—,
¡bien anuncian tus voces
la congoja del hierro
y el afán de la noche!
Cuando en la plata nueva
lucía el oro joven,
cuando el sol y la luna
se cambiaban amores,

el Centauro afinó
sus orejas, y dócil
al grito de las almas
que perdían el norte,
les enseñó la ciencia
de partir horizontes,
con los rumbos dorados
y las plumas veloces.

"Pero la gaya ciencia
se recató en el monte:
dormida está en su lecho
de fatigado bronce.
La buscas, y se niega;
la llamas, no responde.
¡Se han perdido las llaves
y no giran los goznes!"

Si empezó en la tristeza,
concluyó en el suspiro:
se nublaron sus ojos
de color de jacinto.
Pero ya se atrevía
la esperanza, y un ritmo
de Centauro habitaba
para siempre mi oído:

"¡Bien reconozco ahora
tu verdadero signo
—le dije— y tu palabra
caliente como el vino,
y atento a la fogosa.
primavera del himno,
ya recobra su audacia
mi deseo dormido!

"Centauro de otros días,
iniciador antiguo,
¡que abandonen tus remos
esa cárcel de limo!
¡Reviva en tus arterias
el furor extinguido!
¡Rompe tus duras líneas
y cabalga conmigo!

"Sin látigo ni espuela,
sin freno y sin estribo
crucemos la encantada
provincia del sigilo:
firme yo en tus riñones
y a tus crines prendido,
tú devolviendo al mundo
su llorado prodigio.

"Si es un viaje terrestre
(lo prefiero yo mismo),
¡que nos abra la tierra
sus puentes y caminos!
La tierra es venerable
y armonioso el oficio
de combatir dragones
resucitando idilios.

"Si es otro tu elemento,
galoparé contigo
la ruta que frecuentan
los caballos marinos;
o el sendero del aire,
donde tiene dominio
ya la pluma del ángel,
ya la garra del grifo.

"Pero si te inclinara
mi voz, nuestro destino
sería Buenos Aires,
la durmiente del río:
¡Tal vez al saludarnos
dijeran mis amigos
que, despertando amores,
llegamos de otro siglo!"

Mi ruego así clamaba,
y el Centauro al oírlo
pareció recobrar
un instante su brío
(tal un corcel añoso
que desde su retiro
vuelve a escuchar la voz
del metal aguerrido).

Pero templó sus fuegos
el animal cautivo,
como si le tirase
las riendas al instinto.
Se desmayó en sus ojos
el exaltado brillo:
sus sienes dibujaban
el gesto negativo.

Me respondió:

"Si pesas
al Centauro dormido,
justo hallarás el peso
de su carne y su signo:
si calla, la justicia
gobierna su mutismo;
si duerme, su reposo
no es obra de castigo.

"¿A qué llorar, buscando
primaverales ritmos,
cuando en el aire silban
las hoces del estío?
Y cuando entre sus hojas
negrean los racimos,
¿a qué plañir las flores
de rostro fugitivo?

"¡Que duerman en el polvo
los caballos antiguos:
ya no tendrán jinete
ni empresa ni albedrío!
Con sus proas ancladas
y sus remos partidos,
¡no zarparán ya nunca
los audaces navíos!

"Porque logró la tierra
su madurez y ha visto
fructificar el árbol
que se lloró perdido;
porque, Jasón del aire
y Ulises del abismo,
nos ha llegado el nuevo
Señor de los caminos."

No dijo más. A tierra
descendía su frente,
y aún cantaba su voz
en la cúpula verde:
ya el silencio sagrado
recogía en sus redes
el adiós de un centauro
y el anuncio de un héroe.

Pero, yo no alcanzaba
sus razones, de suerte
que atento a los peligros
de la noche creciente,
sólo entendía, ¡oh ciego!,
la renuncia solemne
de aquel maravilloso
corcel entre corceles.

Fue así que levantando
las armas relucientes
del cazador, le dije:
"No perdieron su temple.
Bien resiste la cuerda,
limpio el arco se tiende
y aún la flecha conoce
los caminos del éter.

"Cazador, si tus lomos
ya no admiten jinete
y en tus remos la audacia
desmayó para siempre,
¡que tu pulso de arquero
no desmaye, y que vuele
tu saeta en procura
de un regalo celeste!"

Me respondió:

"En el sueño
de las armas advierte
que llegó la dulzura
sobre campos de aceite.
Yo te anuncio al donoso
cazador, al perenne
sagitario que acecha
sin carcaj ni lebreles.

“Yo te anuncio al arquero
de la pena, más fuerte
que Nemrod y que Diana,
la señora de nieve.
Porque a la muerte misma
cazó y a la serpiente,
vestido con el traje
severo de la muerte."

Respondía otra vez
con el no a mis afanes:
otra vez humillaba
corazón y lenguaje.
De nuevo, ante la bestia,
reñían en mi sangre
la animosa esperanza
y el recelo cobarde.

Y como ya la noche
plantaba su estandarte
de hiel en las vencidas
almenas de la tarde,
buscando a la zozobra
de mi deseo un mástil,
puse otra vez los ojos
en el Centauro grave.

Le dije así:

"Que duerman,
arquero, tus metales,
ya que otra ley asume
la gloria y el combate.
Pero si la justicia
de rostro venerable
no se ha perdido, escucha
la voz del suplicante:

"Ya me negó el caballo
su equitación y viaje,
ya el cazador me niega
las frutas de su arte;
ya sólo a mi esperanza
le queda ese linaje
de furor armonioso
que animó tus cantares.

"¡Descuelga la guitarra
(bien sé que a su cordaje
no en vano se aproximan
los dedos musicales)!
¡Abrázala, Centauro,
contra tu pecho, y tañe!
¡La música recobre
sus limpias mocedades!"

Así le suplicaba,
pero volvió a negarse,
¡oh guitarrero inmóvil!,
¡oh guitarra sin ángel!
Me respondió:

"Esa caja
no ha de rendirse a nadie:
ya es mediodía y sobran
las cuerdas matinales.

"Bajada de los cielos
y vestida de carne
la Música en persona
visitó a los mortales,
para entonar el himno
que rompe toda cárcel
y apura los delfines
de Arión el navegante.

"Si bien tañía Orfeo,
cuando por escucharle
bajaban de sus grutas
rayados animales,
¡no hay tierra que desoiga
ni cielos que no alaben
al Tañedor que pisa
las aguas sin mojarse!"

Negado a mis fervores,
pero atento a mi lucha,
tercera vez me hablaba
con signos y figuras.
¡Qué remontado el aire
de la bestia crinuda!
Su misterioso idioma,
¡qué cerca de la música!

Le dije al fin:

"Entiendo
que ya no queda ruta
por donde hasta la Rosa
me lleve la fortuna.
Tres veces ha quebrado
rni anhelo en tu cordura:
me dirigí a tres puertas
y no se abrió ninguna.

"Pues bien, si tus razones
otra verdad anuncian
y sí otro amor deshace
las viejas ataduras,
¡dime, Centauro, al menos
en qué tierra se oculta:
si flechero, en qué bosque,
si cantor, en qué gruta!"

Y respondió el Centauro:
"No esconde su dulzura
ni se rinde a las armas
del rigor o la astucia.

Porque sale al encuentro
de la sed que le busca:
porque su canto hiere
las orejas nocturnas."

En torno del Centauro
crecía la penumbra:
su cuerno de novilla
levantaba la luna.
Con el deseo en llamas
y la razón a oscuras
quise tentar el juego
de las palabras últimas:

"Y tu virtud —le dije—,
¿ya no dará su fruta?
"¿Ya no tendrás, arquero,
trabajos y aventuras?"
Apoyada en el hombro
la cabeza greñuda,
náufrago ya del sueño,
dijo el Centauro:
"Nunca".

Y aquel nunca final
recorrió la espesura:
los vientos agitaban
sus banderas de furia.
Después cayó la noche,
y en la selva profunda
se construyó el silencio
sobre firmes columnas.

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Pintura :


La traducción al ruso :


Ëåîïîëüäî Ìàðå÷àëü. Êåíòàâð



Òîò ñòàðîäàâíèé âå÷åð
ïî-âîë÷üè èñ÷åç â ÷àùå,
íî ñëåä, ÷òî õðàíèò ñåðäöå,
ñî âðåìåíåì ñòàë ÿð÷å:
îòâåðãíóò Ðîçîþ ñâåòëîé,
ñêèòàëñÿ ÿ íàóäà÷ó,
è âäðóã Êåíòàâðà çàìåòèë
ó çâîíêîé âîäû ñïÿùèì.

ß ïîìíþ: áûëà îñåíü,
êîãäà, îïóñòèâ î÷è,
ëåëååò ëèñòâó ðîùà
è ñìåðòè âåäàòü íå õî÷åò,
êîãäà â ñîçâåçäèè Îâíà
çîðè êàê àñòðû ñî÷íû,
è âåòðû ðåâóò íî÷üþ,
à ãîðëèöû áäÿò ìîë÷à.

Çàïóòàâøèñü â åæåâèêå,
ñäèðàÿ êîæó î ñêàëû,
áëóæäàë ÿ â çàðîñëÿõ äèêèõ
(çëîñ÷àñòüå ìåíÿ ãíàëî
èç ñåâåðíûõ ñòðàí ìèëûõ,
ãäå Ðîçà ìîÿ ñèÿëà,
ïî ò¸ìíîé òðîïå ãèáëîé,
ñêâîçü åæåâè÷íûå æàëà).

Íå áûë ëè ÿ îäåðæèìûì,
êàê äåâû èç ïðèò÷è äðåâíåé,
÷òî ìàñëî â ëàìïàõ ñïàëèëè,
ñî÷òÿ áåðåæëèâîñòü áðåäíåé,
- îíè æåíèõîâ æäàëè,
îáúÿòüÿìè èõ áðåäÿ,
íî æåðòâàìè òüìû ïàëè,
ñâîèõ ëþáèìûõ íå âñòðåòÿ?

Èãðàëà ëè íî÷ü ìíîþ,
êàê óòëûì ÷åëíîì - áåçäíà?
Êåíòàâðà ñïðîñèòü ñòîèò,
íå ìó÷àÿñü áåñïîëåçíî!
Âåäü ïóòü áûë òÿæêèì è äîëãèì,
è íåêîìó ñëóøàòü áåñåäó
ñ Êåíòàâðîì ó âîä çâîíêèõ
â ïîñëåäíèõ ëó÷àõ ñâåòà.

ß äî ñèõ ïîð âñïîìèíàþ
êàê áûë êðàñèâ è ÷óäåñåí,
òîò çâåðü èç ñòàðèííîé ñêàçêè,
÷òî ñïàë íà êðàþ ëåñà.
ß ïîìíþ è çâîí ÿñíûé
ñòðóè íà ïåñêå áåëåñîì,
è ïîçäíèõ öâåòîâ êðàñêè
íà êðîìêå âîäû è ëåñà.

Âîêðóã ìîãó÷åãî òîðñà
ñâèâàëèñü ïëþù è ëèøàéíèê,
íàä êðóïîì - êàçàëîñü âçîðó -
åù¸ âèòàëè ïðåäàíüÿ,
è ñëîâíî öâåòîê ìàõðîâûé
òîð÷àëà òîð÷àëà ãðèâà ãóñòàÿ,
êîïûò æå ïðî÷íûõ ÷åòâ¸ðêà
çåìíîìó ñëóæèëà äàíüþ.

È îí ìíå ïðåäñòàë êàê ñèìâîë
ïóòè âî òüìå áåñïðåäåëüíîé,
ïóòè, ÷òî âåêàìè äëèëñÿ
áåç ñïóòíèêîâ è áåç öåëè,
à ìîæåò, çàáûòîé êíèãîé,
â êîòîðîé äîíûíå öåëû
áûëûõ êàòàñòðîô êàðòèíû
è âîëüíîãî ñìåõà ñòðåëû.

Íà âåòêå ñìîêâû êà÷àëàñü,
ñâèñàÿ ê ðóêàì êåíòàâðà,
ñâîåé íàãîòû íå ïðÿ÷à,
áîæåñòâåííàÿ ãèòàðà,
ê íîãàì æå ïðèëüíóâ, ëåæàëè
êîë÷àí è ëóê - äâà ôóòëÿðà,
ãðîçà äëÿ ïóãëèâîé ëàíè
÷üè î÷è - ìèíäàëèí ïàðà.

Ïîäóìàë ÿ: "Áûëî âðåìÿ -
ñêàêàë ýòîò çâåðü ãîðäî,
è ëóê áûë âåñòíèêîì ñìåðòè,
à ñòðóíû - ãíåçäîì àêêîðäîâ!
Òîãäà ïîä ëàçóðíûì íåáîì
íà êîðàáëÿõ îñòðîìîðäûõ
ïëûëà íàâñòðå÷ó ñèðåíàì
ëèõèõ ñìåëü÷àêîâ êîãîðòà!"

È òàê æå, êàê âñåé äóøîþ
âñòóïàåò ãåðîé â ñõâàòêó,
è ñåðäöå îò ìóê íîåò,
ïðåä÷óâñòâóÿ ñìåðòü ñëàäêî,
ÿ ðîáîñòü ñìèðèë óçäîþ,
ðåøèâ íå èãðàòü â ïðÿòêè
è âñòðåòèòüñÿ ñ íèì âçîðîì,
õîòü ñåðäöå óøëî â ïÿòêè.

Âïëåòàÿñü â ãóñòûå êóäðè,
ñâèñàëè ñî ëáà êåíòàâðà,
çåë¸íûé âåíåö ðèñóÿ,
ïîáåãè ñâåæåãî ëàâðà.
À â êîñìàõ, ÷òî âåòåð ñïóòàë,
è áîðîäå åãî ðæàâîé
âèñåëà ñ íåìîë÷íûì ãóäîì
ï÷¸ë ìåäîíîñíûõ îðàâà.

Ñóðîâîñòü äðåâíåé ïîðîäû
ñêâîçèëà â åãî îáëè÷üè,
è öàðñòâåííîñòü, è ñâîáîäà,
êîòîðîé òåïåðü íå ñûùåøü -
îí âåñü áûë ÷óäîì ïðèðîäû,
è ÿ, çàáûâ î ïðèëè÷üÿõ,
îêîâû ñòðàõà îòáðîñèë
è ïðÿìî ê Êåíòàâðó âûøåë.

Ïðè âèäå åãî êàçàëîñü,
÷òî ÷óâñòâóåøü âñåé ãîðòàíüþ
æèâèòåëüíûé âêóñ è çàïàõ
âåñíû èç ñòàðûõ ïðåäàíèé;
êàê áóäòî, ïðàõ îòðÿõàÿ,
èç íåáûòèÿ âîññòàëè
ðóèíû çàáûòîãî ðàÿ, -
áåç çëà, ãðåõà è ïå÷àëè.

Îí ñïèò, - ÿ ïîíÿë, ñìåëåÿ, -
íî ýòî íå ñîí ñìåðòíûé,
à äð¸ìà, ÷òî ìÿãêî ëåëååò,
êîëåáëÿ äóøó â òåíåòàõ.
È åñëè ïîçâàòü çâîíêî,
êàê êëè÷óò îòöà äåòè,
òî, ìîæåò, íà çîâ ðåá¸íêà
ïðîñí¸òñÿ îí è îòâåòèò.

Àõ, åñëè á ÿçûê ïðåäêîâ
òàèíñòâåííûé çâåðü âñïîìíèë,
çâó÷àëà áû ðå÷ü ïåñíåé,
÷åêàííîé è çëàòîçâîííîé!
Íî íûíå çàáûò êðåïêî
ÿçûê äåòåé è ãåðîåâ,
è ýòîò êåíòàâð äðåâíèé
ëèëåéíûõ óñò íå îòêðîåò.

Òîìèìûé òîñêîé ò¸ìíîé
î ìèëîì è íåâîçâðàòíîì,
ðåøèë ÿ óíÿòü ñòîíû
òåðçàâøåé äóøó óòðàòû,
è äàë ñåáå âëàñòü òðîíóòü
òóãèå ñòðóíû ãèòàðû,
ëåãîíüêî, ñîâñåì ëåãîíüêî -
èñòîðãíóâ ñîçâó÷èé ïàðó.

Íåëüçÿ áûëî ñòðóí áîãà
êàñàòüñÿ ðóêîé òëåííîé,
âòîðãàÿñü â íåìîé êîñìîñ
ìóñè÷åñêîé òîé âñåëåííîé!
Ãèòàðà æàëîáíûì âçäîõîì
îòâåòèëà ïðèêîñíîâåíüþ,
íî ëåñ áûë îõâà÷åí îçíîáîì
âíåçàïíîãî ïðîáóæäåíüÿ.

Ëèñòû ñî çâîíîì äðîæàëè,
ñòåíàëà êàæäàÿ âåòêà,
à èì âäàëè îòâå÷àëè
ðàñêàòû ïåùåðíîãî ýõà.
È òîëüêî ïîä ïðè÷èòàíüå
çàâåòíîãî èíñòðóìåíòà
Êåíòàâð î÷íóëñÿ, óòðàòèâ
íåçûáëåìîñòü ìîíóìåíòà.

Ïðîì÷àëèñü âîëíîé èñêðû
ïî øêóðå åãî ò¸ìíîé,
è ðóê ðàçîìêíóëèñü êèñòè
íà øåðñòè ãðóäè îãðîìíîé.
À ñîííûå î÷è ñëåçèëèñü,
ïîä¸ðíóâøèñü ïîâîëîêîé
ñïàë¸ííîé äîòëà æèçíè,
ñòîëåòüÿìè îäèíîêîé.

Èñïîëíåí âåëèêîëåïüÿ,
âñòàâàë ÷óäîçâåðü ñòðàøíûé;
õâîñòà åãî øåâåëåíüå
íåñëî àðîìàò ÷àùè,
êîãäà æå óñòà ðàçâåðçëèñü,
òî ìèð, äîñåëå ìîë÷àâøèé,
ðàçáèëñÿ è ðàçëåòåëñÿ,
êàê ñïåëûé îðåõ, íà ÷àñòè.

Ñïðîñèë îí - è ãðîìà ðàñêàòû
ìîãó÷èé ãîëîñ íàïîìíèë;
ñëîâà ëèëèñü âîäîïàäîì,
ñòåêàÿñü â ãíåâíûå âîëíû:
"Î êòî òû, òüìîþ îáúÿòûé
è ñêîðáüþ ñâîåé ïîëíûé?
Êàê ñìåë òû êîñíóòüñÿ ãèòàðû,
÷òî ðàäîñòè ïåñíü ïîìíèò?

Òû ðàçâå íå ðàá ìåòàëëà,
âçûñêóþùèé âñþäó çëàòà,
÷òî ñëèøêîì ñêîð íà ðàñïðàâó,
íàäìåííî ñóäÿ ñîáðàòà?
È òû ñâîåé áðåííîé ïÿñòüþ
êîïàåøüñÿ âîðîâàòî
â ãðîáíèöå, ãäå ñðåäè ïðàõà,
òû äóìàåøü, êëàä ñïðÿòàí?"..

Îí æäàë ïðÿìîãî îòâåòà
âïåðèâ â ìåíÿ âçãëÿä ñòðîãèé,
è ðûëè â ÿðîñòè çåìëþ
åãî êîïûòíûå íîãè.
Äóøîþ ìîåé âëàäåëè
è ìåæäó ñîáîé áîðîëèñü
ïðåäåëüíîå èçóìëåíüå
è ñêðûòûõ æåëàíèé ðîáîñòü.

ß îòâå÷àë êåíòàâðó:
"Óéìè æå ñâîé ãíåâ êèïó÷èé,
è âûñëóøàé îïðàâäàíüÿ
äóøè ìîåé çëîïîëó÷íîé.
Íå âûçîâ ãîðäîãî íðàâà,
à èñêóñèòåëüíûé ñëó÷àé
ìåíÿ ïðèìàíèë ê ãèòàðå
è âûíóäèë ñòðóíû ìó÷àòü.

ß ñáèëñÿ äàâíî ñ äîðîãè
â áðåäîâûõ ñâîèõ ñêèòàíüÿõ
ïî âîëå íåáåñíîé Ðîçû,
îòâåðãøåé ìîè ïðèçíàíüÿ.
Ìåæ ìíîþ è åþ - ïðîïàñòü,
è ÷òîáû óíÿòü ñòðàäàíüå,
èçâë¸ê ÿ èç ñòðóí ðîïîò
ñâîèì íåëîâêèì êàñàíüåì!"

Êåíòàâð íåìíîãî ñìÿã÷èëñÿ
ïðè âèäå âèíû áåçâèííîé,
è âíîâü ïîêîé âîöàðèëñÿ
â åãî ïîëîâèíå çâåðèíîé
È, ñëîâíî íóòðîì ñëûøà
ìîè çàâåòíûå ìûñëè,
ñâîåé ëþäñêîé ïîëîâèíîé
ó÷àñòüåì êî ìíå ïðîíèêñÿ.

"×òî æ, ÷óæåñòðàíåö, - ð¸ê îí, -
ÿ ñëûøó â òâîåé ðå÷è
æåëåçíûõ îêîâ çâîíû
è çîâû íî÷íîé âñòðå÷è!..
Êîãäà â ñåðåáðå íîâîì
ñèÿëî çëàòî áåñïå÷íî,
à ñîëíöå ñ þíîé ëóíîþ
â ñîãëàñèè æèëè ñåðäå÷íîì,

âåëèêèé Êåíòàâð ÷óòêî
âíèìàë îò÷àÿííûì ïðîñüáàì
âñÿêîé äóøè çàáëóäøåé,
÷òîá â ãîðå å¸ íå áðîñèòü.
Îòêðûë îí ñìåðòíûì íàóêó:
êàê âû÷èñëèòü õîä çâ¸çäíûé,
÷åðòÿ â íåáåñàõ ðóìáû
ïåðîì ïîäâèæíûì è ï¸ñòðûì.

Íî ìóäðîñòè òîé âåñ¸ëîé
óæå íå íàéòè íà ñâåòå,
ïî÷èëà â óñòàëîé áðîíçå
òåì ñíîì, ÷òî ïîäîáåí ñìåðòè.
Ãîíèñü çà íåé - íå äîãîíèøü,
çîâè å¸ - íå îòâåòèò,
È êëþ÷ ê çàìêó íå ïîäõîäèò,
è ôëþãåð íå ëîâèò âåòåð!"

Íà÷àë îí ðå÷ü â ïå÷àëè,
çàêîí÷èë æå âçäîõîì ñêîðáíûì,
è î÷è âëàæíûìè ñòàëè,
êàê ãèàöèíò îç¸ðíûé.
Íî ïîìûñëû íå æåëàëè
ñäàâàòüñÿ ïå÷àëè ÷¸ðíîé,
è â ìåðíûõ ñëîâàõ Êåíòàâðà
æèëà íàäåæäà óïîðíî.

Ñêàçàë ÿ: "Òåïåðü âèæó
è áîëü òâîþ, è îòâàãó;
ñëîâà òâîè æãóò è áðûçæóò
îãí¸ì, êàê Âàêõîâà âëàãà,
è ÿ, ïîäîéäÿ áëèæå,
âêóøàþ âåøíþþ áðàãó,
- îíà äëÿ äóøè ñíèêøåé
êàê èñöåëåíüå îò ñòðàõà!

Î, ñèìâîë ýïîõ ìèíóâøèõ,
Êåíòàâð, ïëåì¸í ïðàðîäèòåëü!
Ïóñêàé òâîé òîïîò îáðóøèò
ñêóäåëüíóþ ýòó îáèòåëü!
È ñë¸çû ïóñêàé îñóøèò
òâîé ïëàìåííûé ãíåâ, ìñòèòåëü!
Ïîì÷èìñÿ âïåð¸ä äðóæíî -
ÿ - âñàäíèê , òû - ïîáåäèòåëü!

Áåç øïîð, ñòðåìÿí èëè ñáðóè,
óçäû è õëûñòà íå çíàÿ,
ìû ïåðåñå÷¸ì áîëüøóþ
ñòðàíó îò êðàÿ äî êðàÿ.
Êîëåíÿìè ñïèíó ÷óÿ,
è ïëå÷è òâîè îáíèìàÿ,
âåðõîì ëåãêî óñèæó ÿ,
êàê âåùèé ïîñëàíåö ðàÿ.

 ïðåäåëàõ çåìíîãî öàðñòâà
(î ãîðíåì æå äóìàòü ðàíî)
îòêðîåòñÿ íàì ïðîñòðàíñòâî
îò íåáà äî îêåàíà!
Íåñìåòíû çåìëè áîãàòñòâà,
è íåò ïî÷¸òíåé çàäàíüÿ,
÷åì ñ íå÷èñòüþ çëîé ñðàæàòüñÿ,
âåðíóâ ïîêîé ìèðîçäàíüþ!

Íî áóäü òû èíîé ïðèðîäû,
ÿ á ñëåäîâàë çà òîáîþ
òóäà, ãäå ìîðñêèå âîäû
ñêðûâàþò ïóòè òðèòîíîâ;
à õî÷åøü - âçîâü¸ìñÿ â âîçäóõ,
ãäå âèäèòñÿ íàì ïîðîþ
òî êðûëüåâ àíãåëüñêèõ ñïîëîõ,
òî ñëåä îò ëàïû ãðèôîíà.

À åñëè òû íå îòêàæåøü
ìîëüáå äâóíîãîãî áðàòà,
îòïðàâèìñÿ â Áóýíîñ-Àéðåñ,
÷òî ñïèò íà êðàþ Ëà Ïëàòû.
Äðóçüÿ, ÷òî âûéäóò âñòðå÷àòü íàñ,
âîñêëèêíóò, çàáûâ óòðàòû,
÷òî ìû ïðèíåñëè èì ñ÷àñòüå,
öàðèâøåå çäåñü êîãäà-òî!"

Ïðîñèë ÿ äîëãî è ñòðàñòíî,
òàê ÷òî Êåíòàâð áåçìîëâíûé
êàçàëîñü, ñêëîíåí ê ñîãëàñüþ,
áûëîþ óäàëüþ ïîëíûé.
(Áûâàåò, ñêàêóí ñòàðûé
â êîíþøíå ñâîåé ò¸ìíîé
âäðóã âñêî÷èò íà çâóê ôàíôàðû,
ïðèçûâ áîåâîé âñïîìíèâ).

Íî ïåðâûé ïîðûâ óìåðèâ,
îí ñëîâíî áû âìèã ñíèêíóë
(êàê åñëè á äóøà çâåðÿ
áûëà ïîñëóøíà èíñòèíêòó).
Ñìåíèëñÿ âÿëûì áåçâåðüåì
â ãëàçàõ åãî áëåñê äèêèé,
è âèäåë ÿ â êàæäîì äâèæåíüå
îòêàç - ñóðîâûé è òèõèé.

Îí ð¸ê:
"Åñëè òû âçâåñèøü
Êåíòàâðà âî ñíå äîëãîì,
òû âû÷èñëèøü ðàâíîâåñüå
ìåæ ïëîòüþ åãî è äîëãîì:
ìîë÷èò îí, èñïîëíåí ÷åñòè,
è ìóäðîñòü õðàíèò ãëóáîêî,
è ñîí åãî - äàð íåáåñíûé,
à âîâñå íå êàðà ðîêà.

Ê ÷åìó ìåòàòüñÿ, ñòåíàÿ,
è ïåñíåé þíîñòè ãðåçèòü,
êîãäà ýôèð ðàññåêàåò
îñåííèì ñåðïîì ìåñÿö?
È âèäÿ, êàê âèíîãðàäíèê
ëîçó ïóðïóðíóþ ñâåñèë,
çà÷åì î öâåòàõ ïëàêàòü,
÷åé âèä ëèøü âåñíîé âåñåë?

Íàïðàñíî òåáå ñíèòñÿ
ïðûòü êîíåé ñòàðîäàâíèõ:
èõ íå âïðÿãóò â êîëåñíèöó
è íå îñåäëàåò âñàäíèê!
È ñ êèëåì, êàê ãðóäü ïòèöû,
ñ ðÿäàìè âåñ¸ë êðûëàòûõ,
êîðàáëü óæå íå ïîì÷èòñÿ
íà ïîèñê ñëàâû è çëàòà!

Çåìëÿ, íàêîíåö, äîçðåëà
äî ïûøíûõ ëåò óâÿäàíüÿ,
è ïëîä óâèäåëà ñïåëûé
íà ì¸ðòâîì äðåâå ïîçíàíüÿ -
èáî ßñîí ñ Îäèññååì,
ñîïåðíèêè íåáà è àäà,
â èíîì Áîæåñòâå âîñêðåñëè,
êîòîðîìó íåò ïðåãðàäû".

Îí çàìîë÷àë, äîëó
ïå÷àëüíûé ñâîé âçîð ïîòóïèâ,
íî îòçâóê çâó÷àë äîëãî,
â çåë¸íûé ëåòÿ êóïîë.
Âåòâèëñÿ ëåñíîé ïîëîã,
ëîâÿ ñâÿùåííûå çâóêè,
â êîòîðûõ æèëà äîáëåñòü
è ýõî ïðîùàëüíîé ìóêè.

Íî ñ äîâîäàìè êåíòàâðà
äóøà áûëà íå ñîãëàñíà,
ê òîìó æå íî÷ü ïîäñòóïàëà,
÷òî â äèêîé ãëóøè îïàñíà,
è ñëûøà ñëîâà îòêàçà,
æàëåë ÿ, - ñëåïåö íåñ÷àñòíûé! -
÷òî â ðóêè ìîè íå äàëñÿ
ýòîò ñêàêóí ïðåêðàñíûé.

È ïîäíÿë ÿ ñíàðÿæåíüå
îõîòíè÷üå, ëóê è ñòðåëû,
è ïðîäîëæàë óáåæäåíüÿ:
"Íåò, âðåìÿ íå óëåòåëî!
Ïîëíà òåòèâà íàïðÿæåíüÿ,
è äûøèò äðåâêî êàê òåëî,
è ïîìíèò ñòðåë îïåðåíüå,
êàê íåáî ïîä íèìè ïåëî.

È åñëè òåáå íàåçäíèê
äàâíî óæå íå ïî ñèëàì,
è íåò â òåáå ïðûòè äðåâíåé,
÷òî ïðåæäå áóðëèëà â æèëàõ,
òî ìåòêîñòü, - ÿ â ýòî âåðþ! -
îõîòíèêó íå èçìåíèëà,
è íåò îò ñòðåëû ñïàñåíüÿ,
÷òî â íåáå äîáû÷ó áèëà!"
Îòâåòèë îí:

"Â ñíîâèäåíüÿõ
î ïîäâèãàõ äíåé ïðîøëûõ
ÿâèëîñü ìíå îòêðîâåíüå
â ñìîëèñòîì âîçäóõå ðîùè.
Óçíàé æå: ñòðåëåö âå÷íûé,
áåç ëóêà è ïñîâ ãîí÷èõ,
óëîâèò ëþáîå äâèæåíüå,
è â öåëü ïîïàä¸ò òî÷íî.

Ñòðåëåö òîò îäåò ñêîðáüþ,
òðóäû æ åãî íåóñòàííû;
ñòðåìèòåëüíåé îí Íåìâðîäà
è çîð÷å ñíåæíîé Äèàíû.
Ñî ñìåðòüþ îí áèëñÿ ñàìîþ,
îáëåêøèñü â å¸ ñóòàíó,
è çìåþ, ÷òî ïîñëàí òüìîþ,
íàí¸ñ ïîñëåäíþþ ðàíó".

È âíîâü îí îòâåðã òâ¸ðäî
ëþáûå ìîè óâåùàíüÿ,
çàñòàâèâ ñìèðèòü ãîðäîñòü
è ïîãðóçèòüñÿ â ìîë÷àíüå.
Íî äðåâíåãî çâåðÿ íîðîâ
îïÿòü ïðîáóäèë â ñîçíàíüå
óïðÿìîé íàäåæäû ìîðîê
è óæàñ íåïîíèìàíüÿ.

À íî÷ü óæå óæå øëà â àòàêó,
ðàñïðàâèâ ëüäèñòîå çíàìÿ
íàä äûìíîé ñòåíîé çàêàòà
è îãíåííûìè çóáöàìè.
Êàê òîíóùèé, çà îñòàòêè
ìà÷òû äåðæàùèéñÿ íàä âîëíàìè,
ÿ âíîâü ïîäîø¸ë ê Êåíòàâðó,
÷òîá âñòðåòèòüñÿ ñ íèì ãëàçàìè.

Ñêàçàë ÿ:

"Ïóñòü äàëüøå äðåìëþò,
î ëó÷íèê, òâîè ñòðåëû.
Íî åñòü çàêîí, ÷òî îáúåìëåò
âñå âðåìåíà è ïðåäåëû!
Ïîêà ñïðàâåäëèâîñòü çåìëþ
äàðèò ñâîèì ñâåòîì,
íå îòâåðãàé ìîëåíèé
è íå îñòàâü áåç îòâåòà.

Ñêàêóí îòâåðã ïðåäëîæåíüå
î ñòðàíñòâèÿõ â äîëüíåì ìèðå,
ñòðåëåö îòêàçàë â îäîëæåíüå
äåëèòü äîáû÷ó íà ïèðå,
Îñòàëàñü îäíà íàäåæäà -
íà ìóçûêó â çâîíêîé ëèðå,
÷üè ñòðóíû òóãè, êàê ïðåæäå,
è ïåñíè íå âñå èçëèëè.

Âîçüìè æå ñâîþ ãèòàðó -
ÿ çíàþ, ÷òî íå íàïðàñíî
îíà íåäàâíî ðûäàëà
îò ïðèêîñíîâåíèé ñòðàñòíûõ!

Ïðèæìè å¸ ê ñåðäöó æàðêî,
è ïóñòü â íàïåâå ïðåêðàñíîì
âîñêðåñíåò, êàê äàð Êåíòàâðà,
âåñíû å¸ îáëèê ÿñíûé!"
Ìîëèë ÿ - è âíîâü óñëûøàë
îòêàç ïå÷àëüíûé è ñòðîãèé.
Î ìóçûêàíò íåïîäâèæíûé
ñ ãèòàðîþ-íåäîòðîãîé!

Îòâåòèë îí:

"Âðåìÿ âûøëî,
àýäîâ ìèíóëè ñðîêè.
Ëèøü ïîëäåíü ñòðóíû êîëûøåò
áåççâó÷íî âî ñíå ãëóáîêîì.
Ïîêèíóâ âûñøèå ñôåðû
è ïëîòüþ îäåâ äóõ ñâîé,
êîãäà-òî Ìóçûêà ñ íåáà
íà çåìëþ ñîøëà Ìóçîé.
Ó÷èëà îíà ñìåðòíûõ
ãàðìîíèè, ÷òîá èç óñò èõ
ëèëèñü ÷óäåñíûå ïåñíè,
÷òî âíÿòíû âñÿêîìó ÷óâñòâó.

Äåëüôèíû íà çîâ Àðèîíà
ïðèïëûëè, ïåâöà ñïàñàÿ;
Îðôååâîé ëèðû çâîíû
âëåêëè çâåðèíûå ñòàè;
íî íûíå âñå çåìëè âòîðÿò,
à íåáåñà îòâå÷àþò
òîìó, êòî õîäèò ïî âîäàì,
ïðåäâå÷íîìó ãèìí ñëàãàÿ!"

Òàê, ïûë ìîèõ ïðîñüá îòâåðãíóâ,
íî âíèêíóâ â ìîè áîðåíüÿ,
îí â òðåòèé ðàç ìíå îòâåòèë,
ìåòàôîð ïëåòÿ ñöåïëåíüÿ.
Êàêîå æ â êîñìàòîì çâåðå
ïðîðåçàëîñü âäîõíîâåíüå!
È ìóçûêà ñëîâ çâåíåëà
òàèíñòâåííî, ñëîâíî ïåíüå.
È ìîëâèë ÿ:

"Äà, ìíå ÿñíî,
÷òî âîëåé âðàæäåáíîãî ðîêà
íå âûéäó ê Ðîçå ïðåêðàñíîé
ÿ íèêàêîé äîðîãîé.
Âçûâàë ÿ ê òåáå òðè ðàçà,
íî áûë îòâåðãàåì ñòðîãî,
â òðè äâåðè ÿ ïîñòó÷àëñÿ -
è âñþäó ãíàëè ñ ïîðîãà.

Íî åñëè â ðå÷àõ ò¸ìíûõ
ñîêðûòî íîâîå ñëîâî,
è èñòèííîþ ëþáîâüþ
ðàçðóøàòñÿ âñå êîâû,
ñêàæè ìíå, ïîêà íå ïîçäíî,
êóäà ìíå ïóòü óãîòîâàí:
ãäå òîò ñòðåëåö ãðîçíûé,
ãäå ïåâåö ñëàäêîçâîííûé!"

Êåíòàâð îòâåòèë: "Îí ðÿäîì,
è ñèëà åãî â ñìèðåíüå,
íè ìå÷, íè ëîæíàÿ êëÿòâà
åãî íå ââåäóò â çàáëóæäåíüå;
íî ñòðàæäóùèì îí îòðàäà,
çàáëóäøèì îí ïàñòûðü âåðíûé,
è ïåñíÿ åãî - ïðåãðàäà
äëÿ íàâàæäåíèé õèìåðíûõ".

Ôèãóðà Êåíòàâðà, òàÿ,
óæå òîíóëà â ïîò¸ìêàõ,
à â íåáå ëóíà ìîëîäàÿ
âîçäåëà ñâîé ðîã êàê ò¸ëêà.
È ÿ, íà îòâåò óïîâàÿ,
õîòü â òîì è íå âèäåë òîëêà,
îò÷àÿííûìè ñëîâàìè
âîççâàë ê åãî ÷óâñòâó äîëãà:

"À äîáëåñòü òâîÿ, - èçð¸ê ÿ, -
îñòàíåòñÿ âïðåäü áåñïëîäíà?
Íå æäóò òåáÿ áîëüøå, âîèí,
íè ïîäâèãè, íè ïîõîäû?"..
Âñêëîêîêî÷åííîé ãîëîâîþ
ïðèíèêíóâ ê ïëå÷ó áåçâîëüíî,
óæå ñêâîçü ïó÷èíó äð¸ìû
êåíòàâð îòâåòèë:
- "Äîâîëüíî".

È ýòîò îòêàç ñïîêîéíûé
â ëåñó îòîçâàëñÿ ñòîíîì:
âñå âåòðû ñ ÿðîñòíûì âîåì
êðóòèëè ñâîè çíàì¸íà.
À ïîñëå íàñòàëà ïîëíî÷ü,
è â ÷àùå ãëóõîé è ñîííîé
ìîë÷àíüå âñòàëî ÷åðòîãîì
íà íåðóøèìûõ êîëîííàõ.


Traducido al ruso por: Natalia Perelyaeva

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