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Gustavo Valcárcel. Javier Heraud : El mundo habla español



Gustavo Valcárcel. Javier Heraud


Javier te observo frente a mí,
en la Plaza Mayakovski de Moscú,
sonríes tiernamente cara al cielo
en un retrato de pureza interminable.

Te observo frente a mí y ya percibo
el rugido terrible de los ríos
que inundan tu vida de un zarpazo
y te dejan boca abajo perforado.

Estoy en deuda con tu anverso
y las balas demás que te callaron
llevo también a cuestas tu reverso,
donde nació el poema acribillado.

Javier, sin elegías, te diré
la casa en que solías verme,
en que tomábamos un trago por la vida,
ya no existe.

Ahora andamos por un sitio
donde los árboles, ay, los árboles
me llevan a tu sangre de la mano.

Te cuento que Arturo parte a Europa
y César se ríe de todo como siempre;
yo mientras tanto estiro la existencia
para que tenga más sitio tu recuerdo.

Otra cosa he de decirte:
la muerte ha llevado tu vida a todas partes,
curioso, ¿verdad?, pero hoy estás
metido en el Perú hasta el cogollo
y ya nadie podrá volver a asesinarte.

Javier, sin elegía, voy callando
y me duele la línea que concluyo
como el brindis de ayer y el verso de esta noche.

Sin embargo, de golpe me compongo
y me da aire tu edad inacabable
cuando te observo frente a mí
en la Plaza Mayakovski de Moscú.

EDGARDO TELLO

T
enía una novia y unos versos
metidos en la sangre como rosas
caminaba el Perú entre sus labios
jugábase la vida cara al cielo
se escuchaba en sus ojos el porvenir del hombre
y en su voz se veía un niño grande
grande de amor a los más pobres

Le deshojaron a balazos, Ayacucho,
volaron sus miradas al límite del ser
sus labios a las mejillas de la hierba
sus manos a las caricias de los ríos
su tierra volvió a tierra
tierra a la vista, tierra firme
donde ha empezado a crecer una semilla
que los verdugos no pudieron fusilar.

Edgardo Tello nos llega en cada aurora
con su barca puntual de poesía
su mochila de pálidas sonrisas
y su herida patriótica en la espalda.

Nos llega en cada aurora a recordarnos
que el tiempo es una isla de cristal donde ahora vive
vencido tiernamente por el sueño.

Pero muy pronto habrá de despertar
con su rosa de amor en la victoria.


de ¡Pido la Palabra!, Lima, 1965, Editora Nuevo Perú

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Pintura : Bartolomé Est&еacute;ban Murillo. Autoretrato, 1668-1670, 122 x 127 cm


La traducción al ruso :


Густаво Валькарсель. Хавьеру Эро



Хавьер, ты стоишь передо мной
в Москве, на площади Маяковского,
и, запрокинув голову,
нежно улыбаешься небу.

Я гляжу на тебя в упор
и почти предчувствую роковую реку,
в которой тебе суждено утонуть,
захлебнуться свинцовой струей.

Я в долгу перед твоим дыханьем:
я не сквитался с оборвавшей его пулей.
Я в долгу перед твоей душой,
кровоточащей расстрелянными стихами.

И поэтому, Хавьер, я тебе говорю
без всяких там элегических выспренностей:
нет уже на свете того дома,
куда ты приходил ко мне в гости
и где мы поднимали чашу
за славу и здравие жизни.
Я бреду по земле, где деревья,
где деревья — деревья! — ведут меня за руку
к твоей пролившейся крови.

Между прочим, Артуро уезжает в Европу,
а Сесар все так же посмеивается надо всем,
ну а я—я пытаюсь продолжать жить,
чтобы продолжала жить вместе со мной
память о тебе.

И знаешь что, Хавьер?
Может быть, это и странно,
но смерч твоей смерти
повсюду укоренил твою жизнь:
ты врос корнями в Перу,
и никто не сможет убить тебя снова.

Хавьер, я молча глотаю слёзы,
и каждая строчка свербит во мне,
как вчерашнее наше рукопожатье.

И всё же я себя пересилю:
твоя нескончаемая юность
переполняет мне грудь воздухом надежды,
и ты снова стоишь передо мной —
в Москве, на площади Маяковского.


Traducido al ruso por: Natalia Perelyaeva

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