Una incipiente lumbre se expande en el oriente;
uno tras otro, mueren los públicos fanales…
Ya la ciudad despierta, con un rumor creciente
que estalla en un estruendo de ritmos desiguales.
Los ruidos cotidianos fatigan el ambiente:
pregones vocingleros de diarios matinales,
bocinas de carruajes que pasan velozmente,
crujidos de maderas y golpes de metales.
Y elévase en ofrenda magnífica de abajo
el humo de las fábricas — incienso del trabajo —;
rezongan los motores en toda la ciudad,
en tanto que ella misma, para la brega diaria,
se pone en movimiento como una maquinaria,
movida por la fuerza de la necesidad.
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Diego Rivera. Industria Automotriz
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mir-es.com
07 06 2015
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