Garcilaso de la Vega. Soneto XXXVI


A la entrada de un valle, en un desierto,
do nadie atravesaba ni se vía,
vi que con estrañeza un can hacía
estremos de dolor con desconcierto;
ahora suelta el llanto al cielo abierto,
ora va rastreando po la vía;
camina, vuelve, para, y todavía
quedaba desmayado como muerto.
Y fue que se apartó de su presencia
su amo, y no le hallaba, y esto siente;
mirad hasta dó llega el mal de ausencia.
Movióme a compasión ver su acidente;
déjele lastimado: Ten paciencia,
que yo alcanzo razón, y estoy ausente.

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