Pensaba
si pudiera tocar
cada mañana
tu presencia
en las cosas
cotidianas.
Entonces,
el vaso, el cantar,
o esta almohada,
mutables,
casi nada serían trascendidos;
los dedos
jugando torpemente
recorriendo
de las uñas
las aristas.
Tan sólo
la ternura
del gesto imprevisible.
Tan sólo
natural, querido,
tu ser allí presente.

Vladimirova-Lavrova Anna. Desorden del campo
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29 03 2010
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