Se ven marchando duros, color de la corteza
que la agresión del hacha repele y no se inmuta.
Como los pedernales, sombría la cabeza,
pero lumbre en su sueño de cáscara de fruta.
Huelen los capotones a corderos mojados,
que forra un mal sabor a sacos de patatas,
uncido a los estiércoles y fangales pegados
en las cansinas botas más rígidas que patas.
Sonando a oscura tropa de mulos insistentes,
que rebasan las calles e impiden las aceras,
van los hombres del campo como inmensas simientes
a sembrarse en los hondos surcos de las trincheras
Muchos no saben nada. Mas con la certidumbre
del que corre al asalto de una estrella ofrecida,
de sol a sol trabajan en la nueva costumbre
de matar a la muerte, para ganar la vida.

Dmitry Shmarin. El verano de 1941
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mir-es.com
19 04 2015
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