Mário Quintana. El peregrino descontentadizo


Íbamos de camino. El santo y yo.
En aquel tiempo se decía: íbamos de alejada...
Y eso lo explicaba todo, porque lejos, lejos era el viaje...
Íbamos, pues, el santo y yo, y otros.
Era un santo tan fútil que vivía haciendo milagros.
Yo, nada...
Resucitó una flor marchita y un niño muerto
Y transformó una piedra, al borde del camino,
En una flor de loto.
(¿Por qué flor de loto?)
Un día llegamos al fin de la peregrinación.
Dios, entonces,
Decidió mostrar que también sabía hacer milagros:
¡El santo desapareció!
¿Pero cómo? ¡No sé! desapareció, allí mismo, delante de
nuestros ojos, que la tierra ya se ha comido.
Y nosotros nos postramos en tierra y adoramos al señor Dios
todo poderoso.
Y nos fue concedida la vida eterna: ¡esto!
Dios es así.

mir-es.com
28 03 2009